Este palacio

Aquí estoy, en este palacio alto, blanco y esbelto, donde me dejaste presa. Quizás no te diste cuenta que yo aún habitaba estas paredes, quizás no notaste mis pasos ansiosos en las escaleras o no me viste jugando entre las cortinas. Pero lo cierto es que aquí estoy aún. Enciendo las luces, me acuesto en la cama, bailo frente a los espejos, se puede decir que hago una vida bastante normal. Duermo hasta tarde, separo la ropa que me queda mejor, me rizo el pelo y me pinto los labios, aún hago esfuerzos por verme bonita por si un día tu también apareces en los espejos.

Advertisements

Mariposas muertas

Recuerdo los días cuando encontraba cartas tuyas bajo mi puerta, pequeñas hojas improvisadas de papel manchado. Ahora, tras años de un silencio abandonado, excelso y egoísta, solo encuentro mariposas muertas que se anclan al suelo como el polvo que toma forma y se convierten en cadáveres con alas grises que ya nunca más podrán volar.

Extracto 1

Martha, quien en realidad se llamaba Dolores, Lola para los conocidos, Lolita para Pablo, nunca estuvo segura si se vio a sí misma como una viuda. Esa no era su naturaleza, no estaba construida para ese trajín de luto que constituía ser consciente de la muerte del hombre con el que había prometido amarse por siempre. Martha miraba aquello muy ajenamente. No era de las que predecía el futuro, posiblemente ni siquiera era de las que predecía el pasado. Ese ritual pomposo de una Magdalena bajo la cruz, para ella no tenía sentido. Seguramente enfrentó su viudez con la misma frialdad con que enfrentó su matrimonio. Sin ritos, sin usos sociales, sin vestido blanco ni ramo de flores. Con la misma displicencia, casi indiferencia, con que vivió sus otros romances, los muchos romances que poblaban su piel.

Paradójico

Es paradójico. Los miles de kilómetros, el tiempo esquizofrénico, es paradójico cómo, a pesar de todo, siempre te puedo sentir aún más lejos. Como si nunca fuera suficiente la pared que hemos levantado entre nosotros.

¿Estoy a salvo? Sí, porque hay lugares, agujeros negros, donde no te molestas en buscarme, de hecho los haces más hondos y más negros para no verme.

Puerta corrediza

Todos los días, desde hace ya no sé cuánto tiempo, el vecino de al frente abre la puerta corrediza de su departamento exactamente a las 6:45. Puntualmente cada mañana sin falta ni retraso, como si fuera un movimiento natural, geomecánico, propio de la Tierra misma. No fue hasta hoy que me di cuenta, que escuchar su puerta corrediza es el reloj que marca también mis días. Hundida entre las sabanas, adormitada, renegada, lo escucho y la Tierra entonces llama a mi existencia. Con ese sonido sordo y chillón al mismo tiempo, pesado por el metal, entre sueños me llega la certeza de que hay gente que sigue con sus vidas, y que la mía debe seguir también.

Sobre los modos en los que sobrellevo/disfruto mi soledad

Nota curiosa 2:

Confieso que cuando bajo la basura al deposito comunal, espío la basura ajena brevemente. La verdad es que un par de veces he encontrado cosas interesantes. Una vez hallé una silla diminuta de plástico roja que cuando la vi no supe exactamente qué hacer con ella, tenía un borde del espaldar roto. La tengo debajo de mi escritorio para alzar los pies mientras escribo. Otra vez encontré una maceta negra de barro que me recordó una planta que teníamos en casa, colgando en el patio trasero cuando era niña. Estaba bastante despostillada pero la subí de todos modos. La coloqué en el armarito de la entrada, allí tiro las llaves cuando llego a casa y antes de salir siempre meto mi mano y a veces tengo la sensación de que encontraré algo más aparte de las llaves. En otra ocasión descubrí un cartón lleno de fotos recortadas de revistas dominicales, todavía no sé qué hacer con él, pero tampoco tuve corazón para dejarlo en la basura. Sospecho que un día de estos descubriré mi propia basura y la subiré por pena.

Ya sabes como soy

Pues ya sabes como soy. Hoy después de que te dejé en la estación del bus y te fuiste, regresé a penas con fuerzas a mi casa y me acosté en la cama donde nos habíamos abrazado, amado, ignorado, gritado, peleado. Y me hiciste una enorme falta. Traté de dormir, traté de no pensar, apagarme por un rato, y no lo logré. Ya sabes como soy. No me hallo, no te hallo. Tuve ganas de llorar cuando se acabó mi programa de radio. Y luego me puse a escribir esto porque no contestabas mis llamadas.