Extracto 1

Martha, quien en realidad se llamaba Dolores, Lola para los conocidos, Lolita para Pablo, nunca estuvo segura si se vio a sí misma como una viuda. Esa no era su naturaleza, no estaba construida para ese trajín de luto que constituía ser consciente de la muerte del hombre con el que había prometido amarse por siempre. Martha miraba aquello muy ajenamente. No era de las que predecía el futuro, posiblemente ni siquiera era de las que predecía el pasado. Ese ritual pomposo de una Magdalena bajo la cruz, para ella no tenía sentido. Seguramente enfrentó su viudez con la misma frialdad con que enfrentó su matrimonio. Sin ritos, sin usos sociales, sin vestido blanco ni ramo de flores. Con la misma displicencia, casi indiferencia, con que vivió sus otros romances, los muchos romances que poblaban su piel.

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El arte de escribir cartas

Es pleno 2018 y confieso que soy una gran apasionada del género epistolar. Una carta me hace sentir libre para decir las cosas más complejas e íntimas que llevo dentro. Quizás sea mi debilidad por la escritura la que me coloca en esta posición de hablar mejor cuando escribo. Y reconozco también que, ahora cada vez se va perdiendo más esta tradición; más bien dicho, va mutando en otras plataformas, con otros lenguajes y otros ritmos. ¿Es eso malo? No necesariamente. Pero a los grandes románticos como yo, eso nos pesa un poco. Otro gran romántico fue Benjamín Carrión. Hace un tiempo encontré este fragmento en su libro Santa Gabriela Mistral, construido sobre una base epistolar. Me dio gracia, y mucha pena, ver cómo se lamentaba él en 1956 sobre cómo se estaba perdiendo el arte de escribir cartas a mano. No tengo idea lo que diría hoy.

Benjamín Carrión se vuelve a morir si se entera que hoy nos escribimos Whatsaps y que la mitad de los mensajes son emojis.

“El arte de escribir cartas, el “género epistolar”, tan amado por las damas del siglo XVIII -Madame Sevigne, Madame de Stael- y por los prelados y príncipes de la iglesia como el Cardenal de Retz, está en peligro de perecer. De pronto asoman, sangrando cuerpo y alma, epistolarios como el D. H. Lawrence o el de Maree! Proust. Pero la invención de la máquina de escribir y, sobre todo la, por otros conceptos, encantadora invención de las secretarias, taquimecas y otros amables medios para ocultar el pensamiento en fórmulas y frases hechas, está conspirando con ese modo excepcional de desnudar el alma. Mucho más vivo, agudo, actual que las memorias, las confesiones, las aútobiografías o las “automoribundias”, según la descarnada y letal expresión de Ramón Gómez de la Serna.”

Santa Gabriela Mistral. 1956.

Poema: El azul es un color hermoso, y el dorado también

Este poema lo encontré anotado en una hoja vieja de una de mis viejas carpetas en el viejo estudio que estoy arreglando. Se que lo copié en la universidad pero no descubro quién es su autor. Pero no me cabe duda que quién escribió esto miraba mucho el cielo y pensaba también como yo, que el azul es un color hermoso, y el dorado también.

Recomiendo leerlo en voz alta:

 

Las cosas

Azuléandose

Azulizándose

Las cosas

Azulinizándose

Azulnublándose

Azulbrisándose

Azulcielándose

Azulalándose

Azultrinándose

Azuldebilitándose

Las cosas

 

Todo azul

Menos tú

Dorado pez

Azul-soleándose

Azuleccionándose

Azulesperándome

Azulmirándome

Menos tu

Dorado pez

Azulnadándote

Nadadorándote

Dorada

Dorada

Azulcanoizándote

Azuldespedidamente

Doradamente

Dorada

Nada

Preguntas de Amor

Fray Luis de León

Si pan es lo que vemos, ¿cómo dura,

sin que comiendo dél se nos acabe?

Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?

¿Cómo de sólo pan tiene figura?

Si pan, ¿cómo le adora la criatura?

Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio cabe?

Si pan, ¿cómo por ciencia no sabe?

Si Dios, ¿cómo le come su hechura?

Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?

Si Dios, ¿cómo puede ser partido?

Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?

Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?

Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?

Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?

 

 

 

Ese momento, tan divino y distante ahora…

Todavía existe ese sitio, casi de cristal, frío, imaginario, solemne en el tiempo, donde tú corazón, me amas sin miedo, salvaje, tierno. Lo veo, como ver un espejo empolvado, ese momento, tan divino y distante ahora, donde tú me limpias las manos de todas las derrotas y me llamas tuya, mon cheri. Ese vacío que hay ahora en el aire y que me traga entera. Amor, ¿tú te miras? Amor, ¿aún me escuchas? ¿Amor?

Gallardo Capitán

A veces te veo a la distancia, desde lejos y me imagino que eres el hombre que soñé un día. El gallardo capitán de siete mares que podía sostener mi barco en la tormenta más extrema, llevarme a cruzar los océanos más lejanos y mostrarme los encantos escondidos del mar. Hoy con mi barquita endeble, perdida en medio de la nada, sin islas ni playas ni estrellas, nuevamente te extraño y te imagino como cuando te quise y me quisiste.