Sobre los modos en los que sobrellevo/disfruto mi soledad

Nota curiosa 2:

Confieso que cuando bajo la basura al deposito comunal, espío la basura ajena brevemente. La verdad es que un par de veces he encontrado cosas interesantes. Una vez hallé una silla diminuta de plástico roja que cuando la vi no supe exactamente qué hacer con ella, tenía un borde del espaldar roto. La tengo debajo de mi escritorio para alzar los pies mientras escribo. Otra vez encontré una maceta negra de barro que me recordó una planta que teníamos en casa, colgando en el patio trasero cuando era niña. Estaba bastante despostillada pero la subí de todos modos. La coloqué en el armarito de la entrada, allí tiro las llaves cuando llego a casa y antes de salir siempre meto mi mano y a veces tengo la sensación de que encontraré algo más aparte de las llaves. En otra ocasión descubrí un cartón lleno de fotos recortadas de revistas dominicales, todavía no sé qué hacer con él, pero tampoco tuve corazón para dejarlo en la basura. Sospecho que un día de estos descubriré mi propia basura y la subiré por pena.

Advertisements

El arte de escribir cartas

Es pleno 2018 y confieso que soy una gran apasionada del género epistolar. Una carta me hace sentir libre para decir las cosas más complejas e íntimas que llevo dentro. Quizás sea mi debilidad por la escritura la que me coloca en esta posición de hablar mejor cuando escribo. Y reconozco también que, ahora cada vez se va perdiendo más esta tradición; más bien dicho, va mutando en otras plataformas, con otros lenguajes y otros ritmos. ¿Es eso malo? No necesariamente. Pero a los grandes románticos como yo, eso nos pesa un poco. Otro gran romántico fue Benjamín Carrión. Hace un tiempo encontré este fragmento en su libro Santa Gabriela Mistral, construido sobre una base epistolar. Me dio gracia, y mucha pena, ver cómo se lamentaba él en 1956 sobre cómo se estaba perdiendo el arte de escribir cartas a mano. No tengo idea lo que diría hoy.

Benjamín Carrión se vuelve a morir si se entera que hoy nos escribimos Whatsaps y que la mitad de los mensajes son emojis.

“El arte de escribir cartas, el “género epistolar”, tan amado por las damas del siglo XVIII -Madame Sevigne, Madame de Stael- y por los prelados y príncipes de la iglesia como el Cardenal de Retz, está en peligro de perecer. De pronto asoman, sangrando cuerpo y alma, epistolarios como el D. H. Lawrence o el de Maree! Proust. Pero la invención de la máquina de escribir y, sobre todo la, por otros conceptos, encantadora invención de las secretarias, taquimecas y otros amables medios para ocultar el pensamiento en fórmulas y frases hechas, está conspirando con ese modo excepcional de desnudar el alma. Mucho más vivo, agudo, actual que las memorias, las confesiones, las aútobiografías o las “automoribundias”, según la descarnada y letal expresión de Ramón Gómez de la Serna.”

Santa Gabriela Mistral. 1956.

El pequeño horrible

El pequeño horrible no hace nada

Ni el amor ni la guerra

Por la noche en cuanto tiene el vientre lleno,

Sube a la cama y ronca hasta el amanecer

¡Oh señor! De nuevo esta aquí,

La noche larga y triste,

Y de nuevo él está aquí,

Mi pequeño horrible,

Y duerme

Abre una brecha en el muro y bésame la boca

El pequeño horrible es albañil y sabrá repararla.

Verso burlesco de mujer afgana.

Guardar la casa y cerrar la boca

Clara Janés

Gallardo Capitán

A veces te veo a la distancia, desde lejos y me imagino que eres el hombre que soñé un día. El gallardo capitán de siete mares que podía sostener mi barco en la tormenta más extrema, llevarme a cruzar los océanos más lejanos y mostrarme los encantos escondidos del mar. Hoy con mi barquita endeble, perdida en medio de la nada, sin islas ni playas ni estrellas, nuevamente te extraño y te imagino como cuando te quise y me quisiste.

Pactos Solitarios- Lucrecia Maldonado

“Qué ganas de nada. […] Qué ganas de dormir durante meses, años, o para siempre, si eso fuera posible sin morir. […] Por lo pronto, qué ganas de quedarse ahí, en la penumbra del dormitorio en donde parece que nunca más va a amanecer.

“Sin poder guardar ningún tipo de compostura, Laura ha visto el inicio del derrumbe, ha sentido en su inerior un removerse de estructuras, una rotura de paredes, un sordo y apocalíptico rugido de la tierra.”

[…] Vacia como el mundo al otro día del fin del mundo.”

“Entonces es preferible y mejor que todo seguir con la cara seria, aguantando, soportando, fingiendo que no importa, que no duele, que no es nada, aunque importe, duela y sea todo lo que ocupa el pensamiento durante el tiempo que duran las clases.”

Pactos Solitarios. Lucrecia Maldonado. 2007. Alfaguara. Grupo Santillana Ecuador.