Universo Infinito

Pues estaba leyendo a Walter Benjamin en correteos y zozobras, y me encontré este pedacito, que a su vez él tomó de Louis Auguste Blanqui para hablar del tiempo, del progreso y la trascendencia de los seres humanos. Y ahora entiendo muchas cosas que antes me parecían imposibles y que al fin están puestas en palabras.

“El  universo  entero  está  compuesto  de  sistemas  estelares.  Para  crearlos,  la  naturaleza sólo  tiene  cien  cuerpos  simples  a  su  disposición.  Pese  al  prodigioso  partido  que  ella sabe  sacar  de  sus  recursos  y/o la  cifra  incalculable  de  combinaciones  que  permiten  en su  fecundidad,  el  resultado  es  necesariamente  un  número  finito,  como  el  de  los  propios elementos,  y  para  llenar  la  extensión,  la  naturaleza  debe  repetir  hasta  el  infinito  cada una  de  sus  combinaciones  originales  o  tipos.  Todo  astro,  sea  cual  fuere,  existe  un  número infinito  de  veces  en  el  tiempo  y  en  el  espacio,  no  solamente  bajo  uno  de  sus  aspectos, sino  tal  como  se  encuentra  en  cada  uno  de  los  segundos  de  su  duración,  desde  el  nacimiento  hasta  la  muerte  …  La  Tierra  es  uno  de  esos  astros.  Cualquier  ser  humano  es,  por tanto,  eterno  en  cada  uno  de  los  segundos  de  su  existencia.  Lo  que  escribo  en  este momento  en  un  calabozo  del  Fort  du  Taureau  lo  he  escrito  y  lo  escribiré  durante  la  eternidad,  sobre  una  mesa,  con  una  pluma,  con  estas  ropas,  en  circunstancias  completamente  semejantes.  Y  así  para  todos  …  El  número  de  nuestros  sosias  es  infinito  en  el  tiempo y  en  el  espacio.  En  conciencia,  no  se  puede  apenas  exigir  más.  Estos  sosias  lo  son  en carne  y  hueso,  e  incluso  en  pantalón  y  gabán,  en  miriñaque  y  en  moño.  No  son  fantasmas,  sino  la  actualidad  eternizada.  Y  éste  es,  no  obstante,  un  gran  defecto:  no  hay  progreso  …  Lo  que  llamamos  progreso  está  encerrado  entre  cuatro  paredes  en  cada  tierra  y se  desvanece  con  ella.  Siempre  y  en  todas  partes,  en  el  campo  terrestre,  el  mismo drama,  la  misma  decoración,  en  el  mismo  angosto  escenario,  una  humanidad  ruidosa, engreída  con  su  grandeza,  creyéndose  el  universo  y  viviendo  en  su  prisión  como  en  una inmensidad,  para  hundirse  enseguida  con  el  globo  que  ha  llevado  con  el  más  profundo desdén,  el  fardo  de  su  orgullo  La  misma  monotonía,  el  mismo  inmovilismo  en  los  astros extranjeros.  El  universo  se  repite  sin  fin  y  piafa  sin  moverse  del  sitio.  La  eternidad  representa  imperturbablemente  en  el  infinito  las  mismas  funciones.”

Auguste Blanqui.

La eternidad por los astros. 1872

Advertisements

El arte de escribir cartas

Es pleno 2018 y confieso que soy una gran apasionada del género epistolar. Una carta me hace sentir libre para decir las cosas más complejas e íntimas que llevo dentro. Quizás sea mi debilidad por la escritura la que me coloca en esta posición de hablar mejor cuando escribo. Y reconozco también que, ahora cada vez se va perdiendo más esta tradición; más bien dicho, va mutando en otras plataformas, con otros lenguajes y otros ritmos. ¿Es eso malo? No necesariamente. Pero a los grandes románticos como yo, eso nos pesa un poco. Otro gran romántico fue Benjamín Carrión. Hace un tiempo encontré este fragmento en su libro Santa Gabriela Mistral, construido sobre una base epistolar. Me dio gracia, y mucha pena, ver cómo se lamentaba él en 1956 sobre cómo se estaba perdiendo el arte de escribir cartas a mano. No tengo idea lo que diría hoy.

Benjamín Carrión se vuelve a morir si se entera que hoy nos escribimos Whatsaps y que la mitad de los mensajes son emojis.

“El arte de escribir cartas, el “género epistolar”, tan amado por las damas del siglo XVIII -Madame Sevigne, Madame de Stael- y por los prelados y príncipes de la iglesia como el Cardenal de Retz, está en peligro de perecer. De pronto asoman, sangrando cuerpo y alma, epistolarios como el D. H. Lawrence o el de Maree! Proust. Pero la invención de la máquina de escribir y, sobre todo la, por otros conceptos, encantadora invención de las secretarias, taquimecas y otros amables medios para ocultar el pensamiento en fórmulas y frases hechas, está conspirando con ese modo excepcional de desnudar el alma. Mucho más vivo, agudo, actual que las memorias, las confesiones, las aútobiografías o las “automoribundias”, según la descarnada y letal expresión de Ramón Gómez de la Serna.”

Santa Gabriela Mistral. 1956.

Poema: El azul es un color hermoso, y el dorado también

Este poema lo encontré anotado en una hoja vieja de una de mis viejas carpetas en el viejo estudio que estoy arreglando. Se que lo copié en la universidad pero no descubro quién es su autor. Pero no me cabe duda que quién escribió esto miraba mucho el cielo y pensaba también como yo, que el azul es un color hermoso, y el dorado también.

Recomiendo leerlo en voz alta:

 

Las cosas

Azuléandose

Azulizándose

Las cosas

Azulinizándose

Azulnublándose

Azulbrisándose

Azulcielándose

Azulalándose

Azultrinándose

Azuldebilitándose

Las cosas

 

Todo azul

Menos tú

Dorado pez

Azul-soleándose

Azuleccionándose

Azulesperándome

Azulmirándome

Menos tu

Dorado pez

Azulnadándote

Nadadorándote

Dorada

Dorada

Azulcanoizándote

Azuldespedidamente

Doradamente

Dorada

Nada

Preguntas de Amor

Fray Luis de León

Si pan es lo que vemos, ¿cómo dura,

sin que comiendo dél se nos acabe?

Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?

¿Cómo de sólo pan tiene figura?

Si pan, ¿cómo le adora la criatura?

Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio cabe?

Si pan, ¿cómo por ciencia no sabe?

Si Dios, ¿cómo le come su hechura?

Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?

Si Dios, ¿cómo puede ser partido?

Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?

Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?

Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?

Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?