Nada que decir

Con la misma facilidad con la que podría desfogar mi frustración política, o con la misma alegría que podría hablar de mi más reciente descubrimiento en neftlix, o el mismo coraje por el último error de un proveedor, o mi añeja desesperación porque alguien me llamó de nuevo”gordita”; debo decir que no tengo nada que decir. 

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