Formas muy bizarras de buscar la muerte

He intentado matarme, sin éxito claro, porque lo he intentado de formas muy bizarras. Dejarme morir frente a la televisión encendida esperando que las imágenes de la pantalla terminen por provocarme alguna clase de derrame cerebral después de muchas horas de exposición. Esperar a la muerte en posición fetal debajo de mis cobijas, en espera de que después de muchos días de anidamiento los ácaros de las cobijas muten con la sal de mis lágrimas y devoren mi cuerpo. También intenté provocarme un coma diabético definitivo, después de devorar cuanto comestible hubiera en mi cocina, rezando para que, si no colapsaba mi estómago, por lo menos mi negligencia me permitiera desvanecerme para siempre después de consumir un yogurt caducado o unas papas de una funda abierta hace mil años. Otras veces estoy segura que el día de mi muerte ha llegado irremediablemente y simplemente no batallo por vivir. No me arreglo el pelo ni me lavo los dientes, esperando que aquel fatídico paro cardiaco o terremoto apocalíptico me encuentre en la comodidad de mi pijama con olor a comida recalentada. Entre mis estrategias más usuales también esta sentarme en el filo de la ventana en el primer piso, mirando el jardín, con el celular encendido en el bolsillo del pecho, esperando con paciencia que finalmente un rayo divino decida caer sobre mi y me chamusque los huesos. Estoy empezando a sospechar que este último es el método que menos funciona. Aburrida de no morirme me siento frente a la computadora esperando que una sobredosis de Instagram y felicidad ajena me consuman para siempre haciendo que mis ojos se salgan de sus orbitas y el ataque de dolor en los cartílagos de las manos me apague para siempre. De alguna forma extraña, nada ocurre y eso de una forma, también extraña, me sujeta más a la muerte que a la vida.

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Poema: El azul es un color hermoso, y el dorado también

Este poema lo encontré anotado en una hoja vieja de una de mis viejas carpetas en el viejo estudio que estoy arreglando. Se que lo copié en la universidad pero no descubro quién es su autor. Pero no me cabe duda que quién escribió esto miraba mucho el cielo y pensaba también como yo, que el azul es un color hermoso, y el dorado también.

Recomiendo leerlo en voz alta:

 

Las cosas

Azuléandose

Azulizándose

Las cosas

Azulinizándose

Azulnublándose

Azulbrisándose

Azulcielándose

Azulalándose

Azultrinándose

Azuldebilitándose

Las cosas

 

Todo azul

Menos tú

Dorado pez

Azul-soleándose

Azuleccionándose

Azulesperándome

Azulmirándome

Menos tu

Dorado pez

Azulnadándote

Nadadorándote

Dorada

Dorada

Azulcanoizándote

Azuldespedidamente

Doradamente

Dorada

Nada

Ese momento, tan divino y distante ahora…

Todavía existe ese sitio, casi de cristal, frío, imaginario, solemne en el tiempo, donde tú corazón, me amas sin miedo, salvaje, tierno. Lo veo, como ver un espejo empolvado, ese momento, tan divino y distante ahora, donde tú me limpias las manos de todas las derrotas y me llamas tuya, mon cheri. Ese vacío que hay ahora en el aire y que me traga entera. Amor, ¿tú te miras? Amor, ¿aún me escuchas? ¿Amor?