Chulita del desierto

Cuando te vi eras una niña traviesa que no podía estar quieta en su asiento. Eras una muñeca de porcelana a puntito de romperse en mil pedazos, brillantes y punzantes. Eras un bocado de aire a primera hora de la mañana. Morenita, chula mía. Yo sé que huías de mí. Y se también, que esa mañana me viste en el transporte, me viste de reojo, como si no quisieras verme, con desgano, entre la multitud de gente que había dentro; y yo afuera y tu aferrada a tu asiento con todo Quito encima de ti llegando tarde a los trabajos. Y miraste a otro lado, acomodándote la mochila, un puchero en la boca, que barbaridad el tráfico, verdad que a esta hora es terrible.

Yo quiero que sepas niñita mía, morenita mía, chulita del desierto y la montaña –no me preguntes porque pienso en desiertos cuando pienso en ti…creo que es por una novela que leí sobre un Jesús que andaba profesando en un desierto, medio loco y medio perdido muy, muy lejos de Jerusalén-. Chiquita mía, como te iba diciendo, quiero decirte que aun llevo marcada en mi mano la piel de tu muslo regordete y rosado. Todo esto pensaba esa mañana en que no volteaste la mirada en el transporte para verme.

Si quieres venir un día, conoces el camino. Mi otra mano aún tiene envidia, ya te imaginaras porqué. Ven chulita del desierto.

He soñado ríos donde te amo y te imagino sonreída sobre mí regalándome besos largos y coquetos, con tu cabello sobre mis hombros, y mis brazos cruzando esa cintura que se escapa de todo. Ven chulita del desierto.

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Ya sabes como soy

Pues ya sabes como soy. Hoy después de que te dejé en la estación del bus y te fuiste, regresé a penas con fuerzas a mi casa y me acosté en la cama donde nos habíamos abrazado, amado, ignorado, gritado, peleado. Y me hiciste una enorme falta. Traté de dormir, traté de no pensar, apagarme por un rato, y no lo logré. Ya sabes como soy. No me hallo, no te hallo. Tuve ganas de llorar cuando se acabó mi programa de radio. Y luego me puse a escribir esto porque no contestabas mis llamadas.

Formas muy bizarras de buscar la muerte

He intentado matarme, sin éxito claro, porque lo he intentado de formas muy bizarras. Dejarme morir frente a la televisión encendida esperando que las imágenes de la pantalla terminen por provocarme alguna clase de derrame cerebral después de muchas horas de exposición. Esperar a la muerte en posición fetal debajo de mis cobijas, en espera de que después de muchos días de anidamiento los ácaros de las cobijas muten con la sal de mis lágrimas y devoren mi cuerpo. También intenté provocarme un coma diabético definitivo, después de devorar cuanto comestible hubiera en mi cocina, rezando para que, si no colapsaba mi estómago, por lo menos mi negligencia me permitiera desvanecerme para siempre después de consumir un yogurt caducado o unas papas de una funda abierta hace mil años. Otras veces estoy segura que el día de mi muerte ha llegado irremediablemente y simplemente no batallo por vivir. No me arreglo el pelo ni me lavo los dientes, esperando que aquel fatídico paro cardiaco o terremoto apocalíptico me encuentre en la comodidad de mi pijama con olor a comida recalentada. Entre mis estrategias más usuales también esta sentarme en el filo de la ventana en el primer piso, mirando el jardín, con el celular encendido en el bolsillo del pecho, esperando con paciencia que finalmente un rayo divino decida caer sobre mi y me chamusque los huesos. Estoy empezando a sospechar que este último es el método que menos funciona. Aburrida de no morirme me siento frente a la computadora esperando que una sobredosis de Instagram y felicidad ajena me consuman para siempre haciendo que mis ojos se salgan de sus orbitas y el ataque de dolor en los cartílagos de las manos me apague para siempre. De alguna forma extraña, nada ocurre y eso de una forma, también extraña, me sujeta más a la muerte que a la vida.

Poema: El azul es un color hermoso, y el dorado también

Este poema lo encontré anotado en una hoja vieja de una de mis viejas carpetas en el viejo estudio que estoy arreglando. Se que lo copié en la universidad pero no descubro quién es su autor. Pero no me cabe duda que quién escribió esto miraba mucho el cielo y pensaba también como yo, que el azul es un color hermoso, y el dorado también.

Recomiendo leerlo en voz alta:

 

Las cosas

Azuléandose

Azulizándose

Las cosas

Azulinizándose

Azulnublándose

Azulbrisándose

Azulcielándose

Azulalándose

Azultrinándose

Azuldebilitándose

Las cosas

 

Todo azul

Menos tú

Dorado pez

Azul-soleándose

Azuleccionándose

Azulesperándome

Azulmirándome

Menos tu

Dorado pez

Azulnadándote

Nadadorándote

Dorada

Dorada

Azulcanoizándote

Azuldespedidamente

Doradamente

Dorada

Nada

Ese momento, tan divino y distante ahora…

Todavía existe ese sitio, casi de cristal, frío, imaginario, solemne en el tiempo, donde tú corazón, me amas sin miedo, salvaje, tierno. Lo veo, como ver un espejo empolvado, ese momento, tan divino y distante ahora, donde tú me limpias las manos de todas las derrotas y me llamas tuya, mon cheri. Ese vacío que hay ahora en el aire y que me traga entera. Amor, ¿tú te miras? Amor, ¿aún me escuchas? ¿Amor?