Me encuentro en mis momentos más oscuros buscandote entre mis palabras y mis suspiros. Mon cheri te extraño, y no es tu cuerpo moreno y frio, ajeno, tu espalda, tu seño fruncido tu mirada amarga y adusta. No, no extraño eso. Extraño tus palabras, tus momentos cuando te bastaba una sonrisa un gesto para tocarme, acariciarme con un sonido, tu mano extendida buscandome, tus labios carnosos llamandome con devocion y fe. Eres como un viajero que empaco su maleta para nunca mas volver y te diste la vuelta. Y te quedaste aqui al mismo tiempo, en yu sombra, tus huesos vacios que hacen bulto en mi cama.

Vómito pesadilla

De un tiempo a acá he perdido la capacidad de expresar el enojo. En lugar de gritar, insultar, maldecir o lanzar un zapato, he debido conformarme con llorar. Y en días como hoy, hasta el llanto se me enoja, ni el llanto es suficiente. En lugar de eso, cuando me frustro empiezo a sentir el estómago débil, revuelto y necio. Me invaden unas ganas impotentes de vomitar, empiezo a salivar amargamente y no puedo controlarlo por más que intente respirar profundo. Entonces me dejo llevar, me abandono al enojo saliendo de mi en forma de bilis.

Desde lo más hondo de mi cuerpo se que la ira me desborda y saldrá a la superficie en como trocitos de zanahoria mal picada y restos de salchicha. ¡Oh por Dios! el suelo esta repleto de restos de comida. Todo mundo me observa y como consuelo piensan que estoy enferma, que la sopa estuvo cruda, fría, cortada, no sé.

Soy yo. Los contemplo contemplándome,  y se que estoy al borde del colapso. La siguiente vez trataré de vomitar encima de alguien, o por lo menos encima de su escritorio.

Terapia

Tengo una única regla para sobrellevar el estres: cada vez que lloro en el trabajo me doy el derecho de comer absolutamente lo que sea.
Otro asunto es ver como he subido de peso desde hace un año a estos días.