Mírame

De mis manos brotan hilos que tejen bosques, selvas, paraísos, desiertos para llegar hasta tus manos que siempre se esconden tras tus brazos cruzados, en tus bolsillos de tristeza, quizá porque ya no sabes qué hacer conmigo. Donde meterme para olvidarme pronto, en qué pedazo de tu ropa vieja envolverme para siempre, para tu tranquilidad. Ahora que solo soy una sombra que se escurre a ratos bajo dos palabras francesas, esa sombra que invocas con miedo y la dejas tras tuyo para no sentir lastima.

Soy un espectro que ronda tu memoria de cuando en cuando y he perdido el espíritu siniestro del amor que te hacía verme hermosa. Has descubierto que mis ojos no son tan negros, ni tan brillantes, ni curiosos, son más bien porotos muertos que te persiguen agobiantes. Mi piel muy fría, muy blanda, mis caderas soporíferas, mis pies de plomo, mis senos grises, mi cintura cobijada con adornos de dolor, todo en mi es funesto y lo has descubierto. Lloro mucho, me quejo más, soy como un gato viejo y hediondo, huraño y arisco al que prefieres ignorar.

Mírame, amor, mírame. Fui luz y ahora soy tiniebla, fui canto y ahora soy silencio, fui alegría y ahora soy llanto, fui tuya y ahora me desvanezco en tu memoria.

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