Vómito pesadilla

De un tiempo a acá he perdido la capacidad de expresar el enojo. En lugar de gritar, insultar, maldecir o lanzar un zapato, he debido conformarme con llorar. Y en días como hoy, hasta el llanto se me enoja, ni el llanto es suficiente. En lugar de eso, cuando me frustro empiezo a sentir el estómago débil, revuelto y necio. Me invaden unas ganas impotentes de vomitar, empiezo a salivar amargamente y no puedo controlarlo por más que intente respirar profundo. Entonces me dejo llevar, me abandono al enojo saliendo de mi en forma de bilis.

Desde lo más hondo de mi cuerpo se que la ira me desborda y saldrá a la superficie en como trocitos de zanahoria mal picada y restos de salchicha. ¡Oh por Dios! el suelo esta repleto de restos de comida. Todo mundo me observa y como consuelo piensan que estoy enferma, que la sopa estuvo cruda, fría, cortada, no sé.

Soy yo. Los contemplo contemplándome,  y se que estoy al borde del colapso. La siguiente vez trataré de vomitar encima de alguien, o por lo menos encima de su escritorio.

Terapia

Tengo una única regla para sobrellevar el estres: cada vez que lloro en el trabajo me doy el derecho de comer absolutamente lo que sea.
Otro asunto es ver como he subido de peso desde hace un año a estos días.

Úlcera de media noche

Tengo un hueco entre el pecho y el estómago que es una especie de agujero negro. A veces me pica como si quisiera vomitar, a veces me arde como si fuera a sangrar, generalmente lo confundo con hambre y lo ignoro mientras lo lleno de dulces caducados.

¿Es normal que este hueco empiece de pronto, en medio del silencio de la noche, a gritar? ¿O se debe a caso a que hoy me di cuenta, como si no lo hubiera sabido nunca, que odio mis 10, 11, 12, 14, 15 horas de actividad diaria?

Lo resolveré cuando termine de contestar el imposible “último” mail.

¿Existe un último mail? (Cosa mítica…)

Problemas

Son las 12:32 de la mañana. El teléfono no para de sonar, los correos no paran de ingresar, y de fondo se oye una horrible salsa vieja. Faltan minutos para que pueda ir a almorzar…sin embargo, he claudicado. He claudicado ante un chocolate rancio que reposaba en el fondo del último cajón de mi escritorio. Mientras lo mastico, muerdo mi culpa y muerdo las odiosas 118 libras que tengo sobre mi sombra.

Que a nadie se le ocurra decir que tengo problemas con la comida.

Si tengo algún problema es con esta caja de cristal donde vengo a pasar estúpidamente mis días de juventud.